Técnicas para limpiar tu discurso

El lenguaje es una habilidad compleja que involucra muchos procesos, desde los lingüístico hasta lo cognitivo. En general, las muletillas o “tics verbales”, son términos  que se utilizan para describir cuando el orador repite interjecciones como tales como: y, ehh, este, bueno y como. También palabras o frases como sporte en un discurso,  que se repiten consecutivamente o por hábito

En Toastmasters esta es la principal tarea del contador de muletillas. A diferencia del discurso escrito, nuestro discurso oral espontáneo es naturalmente difluente. De hecho, una estimación conservadora para la tasa de muletillas vocalizadas en nuestros discursos es de seis palabras por 100. Eso significa que si hablas en un rango aproximado de 150 palabras por minuto, deberías esperar decir nueve palabras para rellenar  (ehh,este, y, bueno, etc.) en apenas un minuto del discurso. Y a menudo empeora cuando estamos nerviosos o el tema es difícil o exige esfuerzo (en hablar y escuchar). Si bien hay estudios que aseguran que estas tienen un propósito y un significado, estas generalmente no aportan valor a nuestro discurso y pueden disminuir la eficacia de la comunicación y provocar que nuestro público pierda la atención en nuestro mensaje.

¿Por qué no es fluido nuestro discurso?

Recientes estudios sugieren que utilizamos muletillas porque nuestros padres y maestros nos condicionaron a responder de inmediato, y cuando no tenemos algo que decir, nos sentimos obligados a llenar el incómodo silencio. Sin embargo, hoy muchos  investigadores están de acuerdo en que las muletillas no son sólo rellenos o “palabras huecas”, en cambio, estas expresiones comunican información significativa. Por ejemplo, usamos ehh y este para mantener el “piso de conversación”, ya que estamos planeando lo que vamos a decir a continuación, con este señalando un breve retraso y ehh señalando de un retraso más largo.

Otras investigaciones sugieren que ciertos grupos usan las muletillas como una expresión de solidaridad. Por ejemplo, cuando un grupo de veinteañeros hablan entre sí, su jerga está compuesta por muchas variables de interjecciones verbales.

Además, las muletillas se utilizan para señalar énfasis: Ella lee, como, 10 libros. O la corrección: Abre el libro verde, ehhh, el azul, mejorando el recuerdo posterior. Este hallazgo llevó a un investigador a sugerir que los oradores públicos, los formuladores de políticas y los profesores estarían mejor incluyendo la muletilla ocasional en lugar de dar presentaciones perfectamente escritas y sin errores.

Entonces, ¿por qué, como oradores debemos preocuparnos por nuestras muletillas? Si bien en es natural su utilización,  cuando se vuelven repetitivas y excesivas, especialmente hasta el punto de distracción, es cuando se convierte en un problema. Además, en situaciones de alto riesgo, tenemos una mayor expectativa de fluidez, y cuando el orador es vacilante, a menudo conduce a percepciones negativas. De hecho, los hablantes difluentes pueden ser percibidos como nerviosos, desprevenidos, carentes de competencias, carentes de confianza o incluso engañosos. En resumen, estos virus verbales se convierten en asesinos de credibilidad. Es por eso que es importante aprender a reducirlas pero quizás no eliminarlas por completo.

 

 ¿Qué podemos hacer para reducir las muletillas?

La mayoría de los expertos sugieren una solución aparentemente simple: Reemplazar las pausas verbalizadas con el silencio. Pero eso es más fácil decirlo que hacerlo. La mayoría de las personas no son plenamente conscientes de cuánto vacilan o qué situaciones particulares transforman su discurso de aceptable a problemático, es por esto que al ser consciente a la hora de hablar podemos mejorar notoriamente nuestro discurso. Ten en cuenta estas técnicas para preparar tu presentación y también cuando te encuentres parado frente a una audiencia para que tu discurso sea fluido.

Reemplaza tus muletillas con el silencio.

Un primer paso es identificarlas en ti mismo, en los demás y reducir su frecuencia. Trata de grabar tus patrones de habla en una variedad de escenarios: durante reuniones, presentaciones de trabajo, discursos, conversaciones casuales y más. Simplemente escucha y reconoce activamente cada muletilla, es un esfuerzo por llegar a ser consciente de tu patrón particular. El objetivo es reconocer cuando estés a punto de pronunciar un “tic verbal” y cambiarlo por un silencio o un sinónimo.

Busca sinónimos.

  Para evitar repetir este mismo “tic verbal”. Si observas que decís muy a menudo la palabra “y bueno” como conector, sustituirla por entonces,  luego, etc.

Utilizar más gestos.

Expresiones no verbales.  Apoya tus discursos con tu lenguaje no verbal, menos gestos equivalen a más muletillas.

Acorta las oraciones.

La investigaciones han demostrado que cuando se reduce la carga en un discurso, se reduce el procesamiento mental, entonces es más probable que aumente tu fluidez. Las oraciones simples son mucho más fáciles de decir sin tropezar. Si eres de las personas que les gusta escribir lo que planea decir, asegúrate de eliminar las oraciones compuestas, nunca comenzar con una frase preposicional, ponga la mayoría de sus oraciones en el orden de sujeto / predicado y elimina cualquier vocabulario que tengas dificultad para decir sin vacilar. La idea básica es escribir para el oído, no para el ojo. O mejor aún, si te sientes obligado a escribir tus discursos, comienza a partir de tus palabras habladas y transcríbelas.

Habla más lento.

Al reducir la velocidad de las palabras pronunciadas por minuto, supone que el cerebro pueda mantener el ritmo evitando así tener que recurrir a las palabras de relleno. Trata de usar la respiración diafragmática, que para la mayoría de las personas requiere esfuerzo para aprender y practicar. No sólo ayudará a hacer más lento el discurso, sino que también disminuirá tu ritmo cardíaco y ayudará a reducir cualquier ansiedad.  Realiza una larga respiración de cinco a seis segundos- entre el final de un pensamiento y el comienzo del siguiente.

Recuerde, las muletillas en nuestro discurso no son sólo rellenos-tienen significado y sirven a un propósito. En algunos casos pueden mejorar la atención y la retención del mensaje. Pero si se usan excesivamente, pueden crear percepciones negativas. Tu objetivo debe ser la reducción, no la eliminación por completo.

 

Te invitamos a que pongas en práctica estas técnicas en nuestra próxima reunión el miércoles  4 de octubre. Puedes registrarte haciendo click aquí.

 

FUENTE CONSULTADA: https://www.toastmasters.org/magazine/magazine-issues/2017/september-2017/umah

 

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